De mi Imaginación, Puño & Letra.

Cecilia.

Mi abuela no aprendió a leer ni escribir, pero siempre tenían un cuento para contarme, sacados de la profundidad de su corazón, ahí donde resguarda las memorias alegres y tristes de su vida.

Este cuento es sobre “Cecilia”, una joven no mayor de 20 años que fue pedida en matrimonio por su hermano. Antes de continuar, me permití buscar el significado de este nombre y en resumen encontré, que procede del latín y significa “Pequeña ciega”, otras definiciones coincidían, que la mujer portadora de este nombre se caracteriza por ser humilde, preocupada por su familia, de actitud tranquila, evitando crear algún conflicto.

Volviendo a la historia, cuenta que los recuerdos que conserva de Cecilia son de cuando ésta, robaba las tortillas directamente del comal; durante la comida, se las entregaba a su marido, sin un tantito de vergüenza, diciendo que ella misma las había preparado, estando mi abuela presente, que era quien se había encargado de la tarea de limpiar el comal, prender fuego y preparar la masa para ponerla a cocer.

También recuerda, esas mañanas, después de haber limpiado la mesa y lavado los trastes, mientra el hermano de mi abuela, estaba en el campo, observaba a Cecilia, dirigirse a las zonas despobladas, llevando siempre un costal vacío. Un día la siguió sin hacer mucho ruido, para verla, a la sombra de un árbol, con el vestido arremangado, los calzones tirados a un lado y las piernas entrelazadas al torso de Joaquín, mejor amigo del esposo de Cecilia; el costal era para evitar que las piedras y tierra del suelo, lastimaran su cuerpo durante sus retoces amatorios.  

Mi abuela, nunca dijo nada, su madre la educó rígidamente, una de sus premisas era “Ve, oye y calla”, sabia que era mejor quedarse en silencio, que ver confrontar a su familia; para su infortunio a Cecilia no la educaron con este lineamiento y un día llego diciéndole a mi bisabuelo que otra hermana de mi abuela, pasaba las tardes, en compañía de dos jóvenes que trabajaban en la fábrica de limonada, incluso aseguró haber visto que ellos le daban refresco en la boca.

Mi bisabuelo, ni se molestó en pedir explicaciones, fue directo al jacal y tomó la binza, para golpear a su hija por inmoral y de paso a su mujer, por no educarla como era debido. Cuenta mi abuela que el castigo fue tan severo, que su hermana salió del pueblo para nunca más regresar.  

Mientras la causante de tal embrollo se quedó en la casa, al lado de su marido, hombre trabajador, pero demasiado confiado, nunca se enteró de las barbaries que hacía y decía Cecilia, que como hemos leído nunca hizo honor al significado del nombre que llevaba.

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